sábado, 10 de enero de 2009

Relato uno de Cuentos de enamorados.

Reflexión mató a estudio en este sábado de enero. Tenía toda la intención de preparar este examen que vengo arrastrando desde quien sabe cuando pero me dio por abrir el cofre de México que tenía arrinconado en la cabeza desde hacía un par de meses.

Pensando en México fue que decidí prepararme unos deliciosos tacos de pollo pibil, receta que no hubiera sido lograda sin la adquisición de la cocina mexicana envasada. Para que a los locales les sea más fácil preparar platillos mexicanos y a los exiliados nos sirva para recordar que no hay nada como la comida del país.

Comienzo el año con idea fresca, serie de relatos de lo que sería la colección Cuentos de enamorados. (pff! sí que me estoy comprometiendo)

Killing it softly, Barcelona 10/01/09.

La mordida uno fue directamente al cuarto taco en preparación. Mientras los primeros tres tacos yacían en el blanco plato de nuestra vajilla de cerámica IKEA, mi paladar no se pudo resistir a la mezcla de maíz, achiote y pollo que era percibida vía olfato y vista. Ahí estábamos, el taco y yo. Él, empapándose aún de caldito en la sartén y yo, parada frente a él vistiendo mi delantal de flores rojo con listón morado. Sin quitarnos la mirada uno del otro, nos reconocimos y después de unos segundos ya nos pertenecíamos. Lo tomé delicadamente con mi mano derecha y temerosa de que fuera a estropearlo me incliné delante de él, giré mi cabeza aproximadamente 30 grados hacia la izquierda, abrí mi boca y lo acerqué a mí. Al tenerlo tan cerca pude escuchar los rápidos latidos de mi corazón, cerré los ojos y junté mis dientes, y el taco fue mío. El orgasmo vino inmediatamente después y junto con él una ola gigante de recuerdos. Desperté del aromático nirvana en el que me encontraba sin taco número cuatro. Pensé en lo maravilloso que fue haber compartido ese minuto con él e inevitablemente la tristeza llegó. Duelo, me dije en silencio, debes guardarle duelo. Sí, me contesté en voz alta, solo que después de matar suavemente a los restantes que yacen sin preocupación en el blanco plato de nuestra vajilla de cerámica IKEA.


*Hoy, por obvias razones, no hay foto.