Recordé, mejor dicho, descubrí que amo las grandes ciudades. Esas atiborradas de gente, con metro, tranvía y bus, con gran variedad de tiendas y vida nocturna, esas ciudades que no duermen pero que te respetan y te dejan estar. Ciudades con museos, galerías y cine, con historia y vida.
En esas quiero vivir, esas que te permiten disfrutar de un buen café caliente cuando miras el lago, río, mar en un día, noche y con su correspondiente sol, luna y sentir la brisa de la primavera o el viento del otoño sentada sobre la tierra para no olvidar que ese es mi origen, que ese es nuestro origen.
Agradezco a todas ellas que me permitieron hacerlas mías, vivirlas y gozarlas, empaparme de su historia y arte: Barcelona-Berlín-Frankfurt-Munich-Londres-París-Estocolmo-Zurich
Agradeciemiento especial a Monterrey, con su río seco y su rescatado Paseo Santa Lucía, por ser la primer gran ciudad con la que mi corazón latió y latió y sigue latiendo.
